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Tuve conocimiento de la noticia el día 24 de agosto y, hasta hoy, no me he sentido recuperado como para poder escribir sobre Luiggi.
Un reducido grupo de amigos sabíamos que le habían diagnosticado un adenoma de próstata y que lo estaban medicando pero, en ningún momento tuvimos la sensación o el conocimiento de que pudiera tratarse de algo peor; es posible que ni él lo supiera... en fin, ahora ya poco importa.
Al mirar hacia el pretérito, no se si quiero escribir sobre sus logros; otros lo harán. Prefiero los recuerdos.
Otros dirán cómo desde que se graduó hasta la actualidad había ido progresando a nivel profesional mejorando día a día, convirtiéndose en un profesional de referencia con una producción científica muy importante.
Otros dirán cómo desde que se graduó hasta la actualidad había ido progresando a nivel académico, dotando de importancia y relevancia la asignatura de Odontopediatría que impartía, y de la que era profesor titular, en la Universidad Internacional de Catalunya. El Máster de Odontopediatría que dirigía era uno de los más solicitados para los estudios de postgrado.
Otros dirán cómo desde que se graduó, se incorporó a los diferentes cuadros directivos de la Sociedad Española de Odontopediatría de la que era Presidente Electo, habiéndolo sido todo en ella. Esperaba su presidencia, que debía hacerse efectiva a partir del mes de mayo de 2011, con gran ilusión...”Miquelet, tengo muchas cosas en la cabeza. Cuento contigo...”.
Vivencias. Cincuenta mil. Desde salidas en barca por el Cap de Creus a viajes juntos. En más de 15 años de andar juntos nos corrimos buena parte de España y el extranjero. Navegando a vela por Menorca. Tomando copas en Dubrovnik. Dándole rosca a la moto. Compartiendo amigos. Pescando doradas en “La Encalladora”. Escribiendo capítulos de libro juntos. Tanto él como Susana me dieron mucho calor cuando me hizo falta y, ahora, me hubiera gustado poder hacer algo más aunque la vida, a veces, es así de ingrata.
Aún recuerdo cómo el pasado mayo, en Oporto, reíamos brindando al cierre del congreso de la SEOP. Aún recuerdo cómo a mediados del pasado junio cuando le pregunté como se encontraba me contestó que en el último análisis la PSA había salido un poco alta y que le tenían de dar una nueva tanda de las hormonas que le daban pero que se encontraba bien. Aún recuerdo como a mediados de julio nos despedimos hasta finales de agosto para nuestra tradicional cena en Cadaqués con Toni y Cristina. Y ya ves, querido Luís, aún te esperamos...
El tiempo se ha detenido, tengo la mano apoyada en la ventana de mi tren y, al retirarla, gotas de agua resbalan hacia abajo en un trayecto lento y tortuoso, surcándome las mejillas.
Frente a la ventana, el vaho de mi aliento cálido; detrás, toda la tierra a mis pies, hasta el horizonte; ahora es ella la que nos dedica una oración, sus nubes suben y bajan siguiendo el ritmo de mi respiración, la niebla lo cubre todo y yo no quiero respirar.
Temo que si lo hago todo se vuelva nada y se desvanezca con la niebla.
No puedo oír las voces de la gente que viaja en el tren, no puedo oír a nadie solo puedo mirar con el alma llena de pena, sin control.
Dentro del vagón todo es movimiento, pero ahí fuera es quietud y silencio y mis ojos están conectados con la tierra, no respiro.
Mientras, el piano suena melancólico y Diana canta Every time we say goodbye, we die a little...
Dr. Miguel Hernández