EL ACOSO ESCOLAR.
La Asociación Americana de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia ha elaborado diferentes
recomendaciones y sugerencias para los padres de hijos que han tenido experiencia de intimidación en los centros escolares.
Por un lado, recomienda que se le pida al hijo que hable a los progenitores de su experiencia. De este modo, los padres podrían ayudar dándole oportunidades para que se manifestara de una manera abierta y sincera. Recomienda también que se responda de manera positiva y con aceptación y se haga saber a los hijos que esas intimidaciones no son culpa suya y que el hijo ha actuado de forma correcta al decírselo a sus padres.
Otras sugerencias específicas de la Asociación Americana de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia incluyen:
- Conocer lo que los hijos han llevado a cabo para evitar la intimidación.
- Conocer lo que les ha servido y lo que no les ha sido efectivo.
- Contactar con los profesionales del centro escolar e informarles de lo narrado por los hijos. Dado que la mayoría de las intimidaciones ocurren donde hay menor supervisión (zonas de juego, baños, pasillos, etc.) es recomendable contar con la ayuda de los profesores y responsables del centro escolar.
- Solicitar a los responsables del centro escolar que busquen información acerca de programas que han sido utilizados en otros centros educativos para combatir la intimidación y el acoso escolar.
- No estimular a los hijos para que se defiendan mediante peleas físicas. Por el contrario, se debe recomendar evitar el contacto con las personas que le intimidan o acosan.
- Junto con el centro escolar, es conveniente designar un profesor u otro adulto del centro escolar al que puedan dirigirse los hijos en caso de que la intimidación o el acoso se repita.
- Fomentar el que los hijos puedan hacer valer sus derechos.
- Ayudar a prever situaciones futuras y cómo reaccionar ante esas situaciones y ante los intimidadores.
- Fomentar el que el paciente lleve a cabo actividades con amigos para evitar ser víctima de acosadores si le ven solo.
La Academia de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia también remarca en su hoja informativa para los familiares que si observaran en sus hijos un descenso en el rendimiento académico, cambios en el comportamiento o emocionales como depresión, excesivo retraimiento o negativa a asistir al colegio, requerirían una evaluación específica por parte de un profesional especializado para "evitar el riesgo de consecuencias emocionales duraderas".
LA INTIMIDACION (“BULLYING”)
El intimidar, forzar a otra persona a hacer algo, es una experiencia común para muchos niños y adolescentes. Las encuestas indican que hasta una mitad de los niños de edad escolar son intimidados en algún momento durante sus años escolares y por lo menos un 10% son intimidados con regularidad.
El comportamiento de intimidar a otros puede ser físico o verbal. Los varones tienden a usar la intimidación física o las amenazas, sin importarles el género de sus víctimas. La intimidación de las niñas es con mayor frecuencia verbal, usualmente siendo otra niña el objetivo.
Recientemente, se ha informado que la intimidación tiene lugar en los "chats" o salas de conversación (“chat rooms”) de las computadoras y, también, a través del correo electrónico (“email”).
Los niños que son intimidados experimentan un sufrimiento real que puede interferir con su desarrollo social y emocional, al igual que con su rendimiento escolar. Algunas víctimas de intimidación hasta han intentado suicidarse antes de tener que continuar tolerando tal persecución y castigo.
Los niños y adolescentes que intimidan ("bullies"), se engrandecen y cobran fuerzas (“thrive”) al controlar o dominar a otros, aunque en la mayoría de las ocasiones, los intimidadores han sido las víctimas de abusos físicos o de intimidación, muchas veces por sus propios padres. Los intimidadores suelen ser chicos llenos de ira y afectados por eventos que suceden en la escuela o en el hogar. Los intimidadores, a menudo, escogen niños que son pasivos, que se intimidan con facilidad o que tienen pocos amigos. Las víctimas también pueden ser más pequeños o menores a quienes se les hace muy difícil defenderse a sí mismos. Los niños que son el blanco de los intimidadores tienden a caer bajo un perfil particular.
Si usted sospecha que su hijo está intimidando a otros, es importante que le busque ayuda tan pronto como le sea posible. Sin una intervención, la intimidación puede llevar a serias dificultades académicas, sociales, emocionales y legales. Hable con el pediatra, maestro, principal, consejero escolar o médico de familia de su niño. Si la intimidación continúa, debería planificarse una evaluación comprensiva por un siquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental. La evaluación puede ayudarlos a usted y a su niño a entender cuál es la causa de la intimidación y a desarrollar un plan para ponerle fin al comportamiento destructivo.
Si usted sospecha que su niño ha sido víctima de intimidación, pídale que le diga lo que está pasando. Usted puede ayudar mucho facilitándole muchas oportunidades para que hable con usted de manera abierta y sincera. También es importante que se enfoque el problema de manera positiva y con aceptación. Hágale saber a su hijo que no es su culpa y que hizo lo correcto al decírselo a usted. Otras sugerencias específicas incluyen lo siguiente:
- Pregúntele a su niño lo que cree que se debe de hacer. ¿Qué él ha tratado ya?. ¿Qué le funcionó y qué no le funcionó?
- Busque ayuda del maestro del niño o del consejero de la escuela. La mayor parte de la intimidación ocurre en las áreas de juego, en las cafeterías, los baños, los autobuses escolares o en los pasillos donde no hay supervisión.
- Pídale a los administradores de la escuela que busquen información acerca de programas que han sido utilizados en otras escuelas y comunidades para combatir la intimidación, tales como la mediación entre los pares, la resolución de conflictos, el adiestramiento para controlar la ira y el aumento en la supervisión por adultos.
- No estimule a su niño para que se defienda peleando. En vez de ello, sugiérale que trate de alejarse para evitar al intimidador, o que busque la ayuda del maestro, entrenador u otro adulto.
- Ayude a su niño a practicar a hacer valer sus derechos. El simple acto de insistir que el intimidador lo deje solo o quieto puede tener un efecto sorpresivo. Explíquele a su niño que la meta del intimidador es lograr una respuesta negativa del intimidado, que el intimidado se inhiba.
- Ayude a su hijo a practicar qué decirle al intimidador de manera que esté preparado para la próxima vez.
- Estimule a su niño para que esté con sus amigos cuando viaja hacia la escuela y de regreso, durante los viajes para hacer compras, o en otras salidas. Los intimidadores tienden a no molestar al niño que está en un grupo.
Si su niño se torna retraído, deprimido o si se resiste a asistir a la escuela, o si usted se da cuenta de un deterioro en el comportamiento escolar, puede necesitarse una consulta o intervención adicional. Un psiquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental puede ayudar al niño, a la familia y a la escuela a desarrollar una estrategia para tratar con la intimidación. Busque a tiempo la ayuda profesional para así evitar el riesgo de consecuencias emocionales duraderas para su niño.